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martes, 26 de octubre de 2010

Empezando por la comida.

Quizás alguna vez pensaste que sería bueno dejar de comer carne. Desde chicos nuestros padres nos impusieron el consumo de carnes rojas, blancas y de lácteos. No supimos si nos gustaba o estábamos habituados a comer todo eso. Ahora tal vez sea una costumbre que parece imposible de abandonar. ¿Pero es imposible? La carne no es una droga, no se puede ser adicto a la carne. Nunca supe de nadie que haya sido internado para abandonar su adicción de comer carne...
Decir que no podemos dejarla es menospreciar la capacidad humana de decidir qué queremos hacer con nuestro cuerpo. Qué queremos que entre en él. Qué queremos procesar en él y qué queremos que lo nutra.


Ya se sabe, la carne que se come es un trozo del cadáver de un animal ya sea una vaca, un cerdo, un cordero, un conejo, un pollo, o gallina. El pescado es otro cadáver extraído del río o del océano.
Es decir, metemos en nuestra boca, masticamos con nuestros dientes y tragamos varios trocitos de cadáver. Luego el estómago se encarga de lo demás.
Ya que vale comerse cualquier carne, algunas más exóticas, de mulita, de rana, de ciervo, liebre, es muy extraño que existan prejuicios para comerse entre personas...
Sólo es una idea para delimitar el razonamiento de que aparentemente somos superiores a los demás animales y por eso podemos hacerles lo que deseemos, comerlos, etcétera. Pero no nos metamos entre nosotros!

El hombre ha sido muy privilegiado de que los animales hayan sido tan respetuosos con él. Si los animales se hubieran rebelado contra el hombre... Sería una historia muy interesante.
Por eso todo esto se trata simplemente de darnos cuenta de que por miles de años hemos sido injustos con ellos. Hay muchas alternativas antes de elegir comernos a los demás animales no humanos.

Y creo que los animales son tan bondadosos que no saben lo que es la venganza y no les provocaría gracia esta imagen que yo siendo vaca, disfrutaría muchísimo.

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